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APRENDE A HABLAR… HABLANDO

APRENDE A HABLAR… HABLANDO

Uno de los hitos que podemos valorar para el correcto desarrollo del bebé es la adquisición del lenguaje verbal.  Además de la ilusión y la emoción de los padres al ser testigos de la emisión de las primeras palabras (y de la competición por si pronuncia primero “papá” o “mamá”) el lenguaje verbal es una de las “ventanas” para conocer cómo se está desarrollando cognitivamente un niño. Pero a la vez el uso de ese lenguaje verbal va a estimular el desarrollo cognitivo. De ahí la importancia de desarrollar correctamente el lenguaje en los dos primeros años de vida.

La pregunta ahora es ¿cómo hacemos educadores y padres para lograr un correcto desarrollo del habla? No entremos en pánico: no es tan difícil.

El lenguaje oral tiende a desarrollarse de forma natural debido a la fuerza de los factores de imitación y de necesidad de comunicación del ser humano. Y esto ocurre siempre y cuando el niño interactúe con sus progenitores o cuidadores.

Cuando el adulto maneja al bebé, y más tarde al niño, en todas las rutinas (tanto de higiene, alimentación, el sueño o los momentos de juego) suele hablar, dirigirse a él, repetir determinados sonidos y palabras siempre de la misma manera, realizando las mismas acciones. Esto facilita el que el niño relacione los sonidos que está escuchando y les atribuya alguna clase de significado hasta que alcanza la madurez de la comprensión, las habilidades para emitir los sonidos correctos y la posibilidad de asignar un significado a la propia emisión de sonidos (expresión).

Con la interacción cotidiana el niño aprende en su propio contexto el significado de las palabras (vocabulario), la estructura de las frases (morfosintaxis) y el uso correcto del idioma (gramática). También distingue y emite la correcta pronunciación de las palabras y sonidos de la lengua que está aprendiendo.

En la interacción cotidiana se produce el verdadero aprendizaje de uso de una lengua. Por eso, es importantísimo que los padres y educadores hablen a los niños, y les hablen mucho.

¿Y qué les digo, si no me pueden llevar una conversación?

A continuación, encontrarás un listado de actividades y momentos cotidianos que pueden ayudar a desarrollar el habla en los niños.

  • Explicarle al niño qué estamos haciendo en cada momento (“cogemos la cuchara y abres la boca”, “hoy hay tortilla muy rica que papá te ha hecho con un huevo”, “llenamos la bañera de agua para que Clara se dé un buen baño con la ballena de juguete”, “¡huy! este pañal qué sucio está y qué mal huele”…)
    • Permitir que el niño intervenga en la conversación con sus soniditos, medias palabras o gestos y responder ante ellos.
  • Juegos con juguetes que emitan sonidos preguntando qué es, dónde está…
    • Juegos de soplar, hacer pedorretas, hacer muecas, sacar la lengua…
    • Recitar poemas cortitos muy expresivos para que ellos intenten terminar las frases o memorizar los versos.
    • Hacer que los muñecos hablen al niño.
    • Comentar y explicar dibujos, fotos o páginas de libros preguntando sobre lo que están viendo.
    • Contar y leer cuentos sencillos, divertidos y muy repetitivos.
    • Juegos orales como el “veo, veo”, de repetir palabras o sonidos (repitemonas)…
    • Cantar cancioncillas sencillas.

¿Te gustaría dedicarte profesionalmente a colaborar desarrollando y perfeccionando esas “lenguas de trapo”? Estudiando con nosotros el ciclo formativo superior de Educación Infantil aprenderás estas y muchas más estrategias para trabajar con niños y niña de cero a seis años.

By Esther Villanueva

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