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UN DIAMANTE ES PARA SIEMPRE

UN DIAMANTE ES PARA SIEMPRE

¿Habéis oído alguna vez la frase  “Un diamante es para siempre»? Los de mi generación, seguro que aún recuerdan la canción de la banda El Norte, allá por el año 1988, pero esta frase es mucho más que la letra de una canción. ¿Queréis conocerla? ¡Seguid leyendo!

En 1888, se crea en Sudáfrica De Beers Mining Company, de la mano del inglés Cecil Rhodes, que viajó hasta allí prendado de la fiebre de los diamantes de la que todo el mundo hablaba. Al ser un hombre de negocios con gran capital, antes de morir en 1902, ya contaba con el 90% de todas las minas de diamantes a nivel mundial, dando lugar a un monopolio.

De Beers se encargó de dominar toda la cadena de valor, vendiendo mediante un canal exclusivo londinense sus diamantes. La compañía podía cantar aquello de: I have the power, controlando así los precios. A partir de aquí debemos tomar nota de lecciones de marketing y estrategia, porque fue esta compañía la que, manipulando la oferta y la demanda, consiguió posicionar a los diamantes como uno de los productos más caros (y emblemáticos) de la historia. Sí, sí, ellos crearon esta percepción.

Jugaron con la venta de las piedras, generando la idea de escasez (nada más lejos de la realidad), ya que las servían con cuentagotas. Esto, junto a su campaña lanzada en 1948 por la agencia de Pennsylvania N.W. Ayer & Son, hizo que el diamante se convirtiera en un símbolo de amor para las parejas que contraían matrimonio. De esta forma, en 1940, un 10% de las mujeres prometidas recibieron un anillo de diamantes, mientras que en 1990, fueron el 80%. ¡WOW!

Solo la escasez de esta maravilla podría aumentar la percepción de su valor. Y es así, como arrodillarse ante una mujer con una pequeña caja de terciopelo en cuyo interior se encontraba una piedra engarzada a un anillo, se convirtió, prácticamente, en una obligación (y en un agujero en el bolsillo).

¡Tremendo! ¿No? De Beers no se hace con el monopolio de la producción mundial de diamantes para copar el mercado, sino para que no se vendan demasiados, dar sensación de escasez y así controlar los precios ante una demanda estimulada por su brillante campaña de publicidad (elegida en 1999 como el mejor eslogan del siglo XX).

El cine está repleto de escenas donde apuestos galanes regalan diamantes a sus bellas mujeres. ¿Recordáis Desayuno con diamantes? ¿Pretty Woman? ¿Ellas las prefieren rubias? Solo una muestra del emplazamiento de este producto en la gran pantalla (os animo a que las veáis si aún no lo habéis hecho).

Pero vamos más allá, con este mensaje, el preciado anillo simboliza el amor eterno de la pareja, por lo que, las afortunadas mujeres que luzcan un anillo de diamantes en su mano, no lo venderían por nada del mundo. ¡Ajá! Seguimos retroalimentando la idea de escasez. ¡Qué listos De Beers!

¿Os imagináis qué pasaría si se vendieran gran parte de esos anillos? ¡Bingo! Los precios caerían en picado y ya no resultarían tan atractivos.

En fin, una insólita historia que merece ser contada 😉

By Marta García

Responsable de Marketing y Comunicacion EEP iGroup Arturo Soria

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