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¿Y SI NO EXISTIERAN LAS BÁSCULAS?

¿Y SI NO EXISTIERAN LAS BÁSCULAS?

El origen de las básculas se remonta a la época de los egipcios, que las utilizaban para pesar objetos, sobre todo metales preciosos como el oro. Eran más bien una especie de balanza que se utilizaban para comerciar con objetos y así poder pagar y cobrar un precio justo por ellos, y no para pesar individuos, ¿por qué?. Pues probablemente porque nadie pensó que saber tu peso fuera un indicador importante para llevar a cabo lo quehaceres de entonces.

¿Con esto estoy diciendo que el peso da igual? No. ¿Estoy diciendo que no importa tener obesidad? No. Me estoy refiriendo a que vivimos demasiado pendientes del dichoso numerito de la báscula que poco beneficio nos aporta.

Os invito a reflexionar sobre para qué os ha servido a vosotros saber cuánto pesáis.

Tomaos el tiempo que necesitéis, y si tenéis a mano papel y boli, os ayudará escribirlo.

¿Cómo os hace sentir saber cuánto pesáis? ¿Os ha dado disgustos? ¿Sentís frustración? ¿Os ha dado alegrías? Y si ha sido así ¿han sido duraderas? ¿Habéis renunciado a planes y experiencias para conseguir ver ese número en la báscula? Y, por último, ¿merece la pena?

Yo creo, en mi humilde opinión, que centrarnos demasiado en la báscula, es decir, ser demasiado “básculocentristas”, es echarnos piedras sobre nuestro propio tejado. Obsesionarnos con conseguir un peso concreto nos aleja de nuestros verdaderos objetivos, que no suelen ser otros que vernos bien, sentirnos a gusto y cómodos/as en nuestros cuerpos. En definitiva, gustarnos más y ser felices.

Tu cuerpo, es el que te permite moverte por tu casa, hacer deporte, levantarte todas las mañanas, abrazar, llevar la ropa que te gusta… ¿de verdad vas a estar peleando toda tu vida contra él por llegar a un peso que crees que te hará más feliz?

Digo pelear, porque a menudo sometemos a nuestros pobres cuerpos a restricciones, prohibiciones y ejercicios extenuantes que duran poco (por suerte) y que quitan mucho. Y no me refiero a kilos, sino a salud.

Piensa, que tu cuerpo debería ser tu refugio, tu hogar, y por ello deberíamos cuidarlo. Te acompañará durante toda tu vida, con cambios por supuesto, unos mejores y otros peores, aunque también dependerá de quién y cómo los mire.

Mímate, cuídate, aliméntate bien, haz el ejercicio que te guste y que te ayude a llevar la vida que realmente quieres. No busques en otros cuerpos lo que ya tiene el tuyo, o lo que directamente no te hace falta. La perfección no existe, y querernos tal y como somos no implica dejadez o resignación, significa querer mejorar conociéndote, de una manera saludable y cuidando cada paso.

Disfruta de tu cuerpo, queriéndolo con sus imperfecciones y sus virtudes, y recuerda: si no lo cuidas, de nada servirá regirse por ese “número ideal” que quieres que marque la báscula, porque no podrás disfrutarlo.

By Cristina Casielles.

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